Cap de Súnion (Àtica)

Cap de Súnion (Àtica)
Súnion! T'evocaré de lluny amb un crit d'alegria, / tu i el teu sol lleial, rei de la mar i del vent

dimarts, 5 de juliol de 2011

Rilke - Sonets a Orfeu, I, I



Rainer Maria Rilke (1875-1926)
Die sonnete an Orpheus Erster Teil,  I

Da stieg ein Baum. O reine Übersteigung!
O Orpheus singt! O hoher Baum im Ohr!
Und alles schwieg. Doch selbst in der Verschweigung
ging neuer Anfang, Wink und Wandlung vor.

Tiere aus Stille drangen aus dem klaren
gelösten Wald von Lager und Genist;
und da ergab sich, daß sie nicht aus List
und nicht aus Angst in sich so leise waren,

sondern aus Hören. Brüllen, Schrei, Geröhr
schien klein in ihren Herzen. Und wo eben
kaum eine Hütte war, dies zu empfangen,

ein Unterschlupf aus dunkelstem Verlangen
mit einem Zugang, dessen Pfosten beben, —
da schufst du ihnen Tempel im Gehör.


Sonets a Orfeu I, I

Llavors s’aixecà un arbre. Veu divina
d’Orfeu! Oh cant! Pura elevació!
I tot callà. Però endins germina
un nou començ, una mutació.

Surten ocells i feres del silenci
del bosc alliberat; fora el catau
els esdevé de retrobar la pau.
No que la por o l’astúcia els agenci

la mansesa, sinó el seu cant clement.
El bramular, el piulet, l’udol de brega
se’ls fa petit al cor; si era vana,

per a acollir el teu cant, una cabana
d’obscuríssims anhels, que s’esbaldrega,
tu un temple els has creat a l’oïment.

[Versió d’Alfred Badia, Ed. del Mall, 1979]


Sonets a Orfeu I, I

Pujà un arbre llavors. Pur sobrepujament!
Oh, canta Orfeu! Oh gran arbre a l’orella!
I tot callà. P’rò fins en la callada
hi hagué un nou començar, senyal, mutació.

Animals de silenci sortien empenyent-se
del bosc clar deslliurat de coves i de nius
i es va veure llavors que no per arteria
ni no per por restaven en si talment quiets,

sinó perquè escoltaven. Bramar, cridar, rugir,
se’ls feien poc al cor: on fins llavors hi havia
una cabana a penes per dar acollida a això,

un aixopluc del més obscur desig
amb una entrada de muntants tremosos,
tu els erigires temples a l’oïda.

[Versió de Joan Vinyoli. Ed. Empúries, 1985]

Sonetos a Orfeo I, I

Allí se elevó un árbol. ¡Oh, puro superar!
¡Oh, canta Orfeo! ¡Oh, alto árbol en el oído!
Y todo calló. Pero incluso en el silencio
hubo un nuevo empezar, seña y transformación.

Brotaron animales del silencio del claro
bosque suelto y exento de guaridas y nidos;
y se vio que no estaban tan callados en sí
por astucia ni miedo, sino porque escuchaban.

Rugidos y clamores, bramidos, parecían
poco en sus corazones. Y donde había apenas
una cabaña para percibirlo, un refugio

hecho del más oscuro deseo, con las jambas
de la puerta temblando; allí les erigiste
un templo en el oído.

[Versió de José María Valverde. Ed. Aguilar, 1967]


Sonetos a Orfeo I, I

Un árbol se alzó. ¡Oh, ascensión pura!
Canta Orfeo. ¡Alto árbol en el oído!
Calló todo. Pero ya en el callarse
iba un nuevo principio, signo y cambio.

Animales del silencio salían
del claro bosque exento de cubil
y nido; y se vio que no por ardid
ni miedo estaban en sí tan callados,

sino por oír. Gritos y rugidos
parecieron pequeños en sus pechos.
Y donde apenas había una choza

acogedora, un antro de oscurísimo
deseo con entrada vacilante,
allí les creaste un templo en el oído.

[Versió de Jaime Ferreiro Alemparte. Espasa Calpe, 1968]

Sonetos a Orfeo I, I

Entonces ascendió un árbol. ¡Pura superación!
¡Oh, canta, Orfeo! ¡Alto árbol en el oído!
Y calló todo. Mas hasta en el silencio
nació un nuevo comienzo, seña y transformación.

Animales de silencio se abrieron paso, salieron
del claro bosque libre, de lechos y guaridas;
y se vio que no era por astucia
ni por miedo por lo que estaban tan callados

sino para escuchar. Rugidos, gritos, bramidos
parecían pequeños en su corazón. Y donde hacía un momento
había una choza apenas que recogiera esto,

un refugio del más oscuro deseo
con entrada de jambas temblorosas,
tú les creaste un templo en el oído.

[Versió d’Eustaquio Barjau, Cátedra 1990]

Sonetos a Orfeo I, I

Ahí se elevó un árbol. ¡Oh pura trascendencia!
¡Oh, Orfeo canta! ¡Oh, árbol alto en el oído!
Y todo calló. Pero aún en el callar hubo
un nuevo comienzo, un cambio, una señal.

Animales de silencio emergieron
de la selva libre y clara, desde el nido y la guarida;
y entonces se vio que no era por astucia ni por miedo
que habían permanecido tan callados en sí mismos,

sino porque escuchaban. El rugir, gritar, bramar
parecían mezquinos a sus corazones. Y allí donde
había apenas una choza para acogerlo,

un refugio hecho del más oscuro deseo
y con los pilares temblando de la puerta,
ahí, tú les levantaste un templo en el oído.

[Versió d’Otto Dörr Zegger, Xile, 2002]


Sonetos a Orfeo I, I

Se alzó un árbol. ¡Oh, puro elevamiento!
¡Canta Orfeo! ¡Árbol alto en el oído!
Todo calló. Y el enmudecimiento
fue ya un comienzo, un cambio y un sentido.

Surgieron bestias del silencio al claro
bosque libre de nidos y guaridas:
y se vio que callaban embebidas
al oír, no por cálculo o reparo.

En sus pechos clamor, grito y rugido
fueron cesando. Y donde apenas antes
una cabaña percibió el conjuro,

refugio del deseo más oscuro
con umbral de pilares vacilantes,—
tú les creaste un templo en el oído.

[Versió d’Antonio Romero Márquez, Fund. Unicaja, 2005]


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