Cap de Súnion (Àtica)

Cap de Súnion (Àtica)
Súnion! T'evocaré de lluny amb un crit d'alegria, / tu i el teu sol lleial, rei de la mar i del vent

dijous, 1 de novembre de 2012

 
José Zorrilla (1817-1893)
Don Juan Tenorio  (fragment)

D. JUAN:    
Pues, señor, yo desde aquí,
buscando mayor espacio
para mis hazañas, di
sobre Italia, porque allí
tiene el placer un palacio.
De la guerra y del amor
antigua y clásica tierra,
y en ella el emperador,
con ella y con Francia en guerra,
díjeme: «¿Dónde mejor?
Donde hay soldados hay juego,
hay pendencias y amoríos.»
Di, pues, sobre Italia luego,
buscando a sangre y a fuego
amores y desafíos.
En Roma, a mi apuesta fiel,
fijé, entre hostil y amatorio,
en mi puerta este cartel:
«Aquí está don Juan Tenorio
para quien quiera algo de él.»
De aquellos días la historia
a relataros renuncio:
remítome a la memoria
que dejé allí, y de mi gloria
podéis juzgar por mi anuncio.
Las romanas, caprichosas,
las costumbres, licenciosas,
yo, gallardo y calavera:
¿quién a cuento redujera
mis empresas amorosas?
Salí de Roma, por fin,
como os podéis figurar:
con un disfraz harto ruin,
y a lomos de un mal rocín,
pues me querían ahorcar.
Fui al ejército de España;
mas todos paisanos míos,
soldados y en tierra extraña,
dejé pronto su compaña
tras cinco o seis desafíos.
Nápoles, rico vergel
de amor, de placer emporio,
vio en mi segundo cartel:
«Aquí está don Juan Tenorio,
y no hay hombre para él .
Desde la princesa altiva
a la que pesca en ruin barca,
no hay hembra a quien no suscriba;
y a cualquier empresa abarca,
si en oro o valor estriba.
Búsquenle los reñidores;
cérquenle los jugadores;
quien se precie que le ataje,
a ver si hay quien le aventaje
en juego, en lid o en amores.»
Esto escribí; y en medio año
que mi presencia gozó
Nápoles, no hay lance extraño,
no hay escándalo ni engaño
en que no me hallara yo.
Por donde quiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé,
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé,
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.
Ni reconocí sagrado,
ni hubo ocasión ni lugar
por mi audacia respetado;
ni en distinguir me he parado
al clérigo del seglar.
A quien quise provoqué,
con quien quiso me batí,
y nunca consideré
que pudo matarme a mí
aquel a quien yo maté.
A esto don Juan se arrojó,
y escrito en este papel
está cuanto consiguió:
y lo que él aquí escribió,
mantenido está por él.
 
D. LUIS:
Leed, pues.

D. JUAN:
                        No; oigamos antes
vuestros bizarros extremos,
y si traéis terminantes
vuestras notas comprobantes,
lo escrito cotejaremos.

D. LUIS:
Decís bien; cosa es que está,
don Juan, muy puesta en razón;
aunque, a mi ver, poco irá
de una a otra relación.
 
D. JUAN:
Empezad, pues.
 
D. LUIS:
                                  Allá va.
Buscando yo, como vos,
a mi aliento empresas grandes,
dije: « ¿Dó iré, ¡vive Dios!,
de amor y lides en pos,
que vaya mejor que a Flandes?
Allí, puesto que empeñadas
guerras hay, a mis deseos
habrá al par centuplicadas
ocasiones extremadas
de riñas y galanteos.»
Y en Flandes conmigo di,
mas con tan negra fortuna,
que al mes de encontrarme allí
todo mi caudal perdí,
dobla a dobla, una por una.
En tan total carestía
mirándome de dineros,
de mí todo el mundo huía;
mas yo busqué compañía
y me uní a unos bandoleros.
Lo hicimos bien, ¡voto a tal!,
y fuimos tan adelante,
con suerte tan colosal,
que entramos a saco en Gante
el palacio episcopal.
¡Qué noche! Por el decoro
de la Pascua, el buen Obispo
bajó a presidir el coro,
y aún de alegría me crispo
al recordar su tesoro.
Todo cayó en poder nuestro:
mas mi capitán, avaro,
puso mi parte en secuestro:
reñimos, fui yo más diestro,
y le crucé sin reparo.
Juróme al punto la gente
capitán, por más valiente:
juréles yo amistad franca:
pero a la noche siguiente
huí, y les dejé sin blanca.
Yo me acordé del refrán
de que quien roba al ladrón
ha cien años de perdón,
y me arrojé a tal desmán
mirando a mi salvación.
Pasé a Alemania opulento:
mas un provincial jerónimo,
hombre de mucho talento,
me conoció, y al momento
me delató en un anónimo,
Compré a fuerza de dinero
la libertad y el papel;
y topando en un sendero
al fraile, le envié certero
una bala envuelta en él.
Salté a Francia. ¡Buen país!,
y como en Nápoles vos,
puse un cartel en París
diciendo: «Aquí hay un don Luis
que vale lo menos dos.
Parará aquí algunos meses,
Y no trae más intereses
ni se aviene a más empresas,
que a adorar a las francesas
y a reñir con los franceses.»
Esto escribí; y en medio año
que mí presencia gozó
París, no hubo lance extraño,
ni hubo escándalo ni daño
donde no me hallara yo.
Mas, como don Juan, mi historia
también a alargar renuncio;
que basta para mi gloria
la magnífica memoria
que allí dejé con mi anuncio.
Y cual vos, por donde fui
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé,
y a las mujeres vendí.
Mi hacienda llevo perdida
tres veces: mas se me antoja
reponerla, y me convida
mi boda comprometida
con doña Ana de Pantoja.
Mujer muy rica me dan,
y mañana hay que cumplir
los tratos que hechos están;
lo que os advierto, don Juan,
por si queréis asistir.
A esto don Luis se arrojó,
y escrito en este papel
está lo que consiguió:
y lo que él aquí escribió,
mantenido está por él.
 
D. JUAN:
La historia es tan semejante
que está en el fiel la balanza,
mas vamos a lo importante,
que es el guarismo a que alcanza
el papel: conque adelante.

D. LUIS:
Razón tenéis, en verdad.
Aquí está el mío: mirad,
por una línea apartados
traigo los nombres sentados,
para mayor claridad.
 
D. JUAN:
Del mismo modo arregladas
mis cuentas traigo en el mío:
en dos líneas separadas,
los muertos en desafío,
y las mujeres burladas.
Contad.

D. LUIS:
                   Contad.

D. JUAN:
                                   Veinte y tres.

D. LUIS:
Son los muertos. A ver vos.
¡Por la cruz de San Andrés!
Aquí sumo treinta y dos.
 
D. JUAN:
Son los muertos.

D. LUIS:
                                     Matar es.

D. JUAN:
Nueve os llevo.

D. LUIS:
                               Me vencéis.
Pasemos a las conquistas.

D. JUAN:
Sumo aquí cincuenta y seis.
 
D. LUIS:
Y yo sumo en vuestras listas
setenta y dos.

D. JUAN:
                              Pues perdéis.

D. LUIS:
¡Es increíble, don Juan!
 
D. JUAN:
Si lo dudáis, apuntados
los testigos ahí están,
que si fueren preguntados
os lo testificarán.
 
D. LUIS:
¡Oh! Y vuestra lista es cabal.

D. JUAN:
Desde una princesa real
a la hija de un pescador,
¡oh!, ha recorrido mi amor
toda la escala social.
¿Tenéis algo que tachar?
 
D. LUIS:
Sólo una os falta en justicia.
 
D. JUAN:
¿Me la podéis señalar?

D. LUIS:
Sí, por cierto: una novicia
que esté para profesar.
 
D. JUAN:
¡Bah! Pues yo os complaceré
doblemente, porque os digo
que a la novicia uniré
la dama de algún amigo
que para casarse esté.
 
D. LUIS:
¡Pardiez, que sois atrevido!
 
D. JUAN:
Yo os lo apuesto si queréis.
 
D. LUIS:
Digo que acepto el partido.
Para darlo por perdido,
¿queréis veinte días?
 
D. JUAN:
                                                Seis.

D. LUIS:
¡Por Dios, que sois hombre extraño!
¿cuántos días empleáis
en cada mujer que amáis?
 
D. JUAN:
Partid los días del año
entre las que ahí encontráis.
Uno para enamorarlas,
otro para conseguirlas,
otro para abandonarlas,
dos para sustituirlas
y una hora para olvidarlas.
Pero, la verdad a hablaros,
pedir más no se me antoja,
porque, pues vais a casaros,
mañana pienso quitaros
a doña Ana de Pantoja.
 
D. LUIS:
Don Juan, ¿qué es lo que decís?
 
D. JUAN:
Don Luis, lo que oído habéis.

D. LUIS:
Ved, don Juan, lo que emprendéis.

D. JUAN:
Lo que he de lograr, don Luis.  […]

D. LUIS:
¿Estáis en lo dicho?

D. JUAN:
                              Sí.

D. LUIS:
Pues va la vida.

D. JUAN:
                             Pues va.

[Acte I, escena 12]

Un tema adient per aquestes dates. Deixant de banda l’opinió que hom pugui tenir de molts dels romàntics del XIX, cal reconèixer que Zorrilla en sabia una mica, d’escriure teatre. I que en els personatges de Juan Tenorio i Luis Mejía (i del Comendador) va saber dibuixar els trets principals del caràcter més tòpic de molts espanyols del seu temps… i també d’avui dia (inclosos molts polítics, financers, empresaris, artistes, periodistes, futbolistes i toreros). Apa.


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