Cap de Súnion (Àtica)

Cap de Súnion (Àtica)
Súnion! T'evocaré de lluny amb un crit d'alegria, / tu i el teu sol lleial, rei de la mar i del vent

diumenge, 3 de juliol de 2016

Cervantes - Poemes del Quixot


Miguel de Cervantes (1547-1616)
Poemes del Quixot

a) Començament del primer llibre (abans del capítol 1)

Al libro de Don Quijote de la Mancha
Urganda la desconocida

Si de llegarte a los bue-,
libro, fueres con letu-,
no te dirá el boquirru-
que no pones bien los de-.
Mas si el pan no se te cue-
por ir a manos de idio-,
verás de manos a bo-,
aun no dar una en el cla-,
si bien se comen las ma-
por mostrar que son curio-. 

Y, pues la expiriencia ense-
que el que a buen árbol se arri-
buena sombra le cobi-,
en Béjar tu buena estre-
un árbol real te ofre-
que da príncipes por fru-,
en el cual floreció un du-
que es nuevo Alejandro Ma-:
llega a su sombra, que a osa-
favorece la fortu-. 

De un noble hidalgo manche-
contarás las aventu-,
a quien ociosas letu-,
trastornaron la cabe-:
damas, armas, caballe-,
le provocaron de mo-,
que, cual Orlando furio-,
templado a lo enamora-,
alcanzó a fuerza de bra-
a Dulcinea del Tobo-. 

No indiscretos hieroglí-
estampes en el escu-,
que, cuando es todo figu-,
con ruines puntos se envi-.
Si en la dirección te humi-,
no dirá, mofante, algu-:
‘‘¡Qué don Álvaro de Lu-,
qué Anibal el de Carta-,
qué rey Francisco en Espa-
se queja de la Fortu-!’’ 

Pues al cielo no le plu-
que salieses tan ladi-
como el negro Juan Lati-,
hablar latines rehú-.
No me despuntes de agu-,
ni me alegues con filó-,
porque, torciendo la bo-,
dirá el que entiende la le-,
no un palmo de las ore-: 
‘‘¿Para qué conmigo flo-?’’

No te metas en dibu-,
ni en saber vidas aje-,
que, en lo que no va ni vie-,
pasar de largo es cordu-.
Que suelen en caperu-
darles a los que grace-;
mas tú quémate las ce-
sólo en cobrar buena fa-; 
que el que imprime neceda-
dalas a censo perpe-.

Advierte que es desati-,
siendo de vidrio el teja-,
tomar piedras en las ma-
para tirar al veci-.
Deja que el hombre de jui-,
en las obras que compo-,
se vaya con pies de plo-; 
que el que saca a luz pape-
para entretener donce-
escribe a tontas y a lo-.


Amadís de Gaula a don Quijote de la Mancha

Tú, que imitaste la llorosa vida
Que tuve ausente y desdeñado sobre
El gran ribazo de la Peña Pobre,
De alegre a penitencia reducida,

Tú, a quien los ojos dieron la bebida
De abundante licor, aunque salobre,
Y alzándote la plata, estaño y cobre,
Te dio la tierra en tierra la comida,

Vive seguro de que eternamente,
En tanto, al menos, que en la cuarta esfera,
Sus caballos aguije el rubio Apolo,

Tendrás claro renombre de valiente;
Tu patria será en todas la primera;
Tu sabi autor, al mundo único y solo.


Don Bellanís de Grecia a don Quijote de la Mancha

Rompí, corté, abollé, y dije y hice
Más que en el orbe caballero andante;
Fui diestro, fui valiente, fui arrogante;
Mil agravios vengué, cien mil deshice.

Hazañas di a la Fama que eternice;
Fui comedido y regalado amante;
Fue enano para mí todo gigante
Y al duelo en cualquier punto satisfice.

Tuve a mis pies postrada la Fortuna,
Y trajo del copeta mi cordura
A la calva Ocasión al estricote.

Mas, aunque sobre el cuerno de la luna
Siempre se vio encumbrada mi ventura,
Tus proezas envidio, ¡oh gran Quijote!


La señora Oriana a Dulcinea del Toboso

¡Oh, quién tuviera, hermosa Dulcinea,
por más comodidad y más reposo,
a Miraflores puesto en el Toboso,
y trocara sus Londres con tu aldea!

¡Oh, quién de tus deseos y librea
alma y cuerpo adornara, y del famoso
caballero que hiciste venturoso
mirara alguna desigual pelea!

¡Oh, quién tan castamente se escapara
del señor Amadís como tú hiciste
del comedido hidalgo don Quijote!

Que así envidiada fuera, y no envidiara,
Y fuera alegre el tiempo que fue triste,
Y gozara los gustos sin escotes.


Gandalín, escudero de Amadís de Gaula, a Sancho Panza, escudero de don Quijote

Salve, varón famoso, a quien Fortuna,
Cuando en el trato escuderil te puso,
Tan blanda y cuerdamente lo dispuso,
Que lo pasaste sin desgracia alguna.

Ya la azada o la hoz poco repugna
Al andante ejercicio; ya está en uso
La llaneza escudera, con que acuso
Al soberbio que intenta hollar la luna.

Envidio a tu jumento y a tu nombre,
Y a tus alforjas igualmente envidio,
Que mostraron tu cuerda providencia.

Salve otra vez, ¡oh Sancho!, tan buen hombre,
Que a solo tú nuestro español Ovidio,
Con buzcorona te hace reverencia.


Del Donoso, poeta entreverado, a Sancho Panza y Rocinante

Soy Sancho Panza, escude-
del manchego don Quijo-.
Puse pies en polvoro-,
por vivir a lo discre-;
que el tácito Villadie-
toda su razón de esta-
cifró en una retira-,
según siente Celesti-,
libro, en mi opinión, divi-
si encubriera más lo huma-. 

A Rocinante 

Soy Rocinante, el famo-
bisnieto del gran Babie-.
Por pecados de flaque-,
fui a poder de un don Quijo-.
Parejas corrí a lo flo-;
mas, por uña de caba-,
no se me escapó ceba-;
que esto saqué a Lazari-
cuando, para hurtar el vi-
al ciego, le di la pa-. 


Orlando Furioso a don Quijote de la Mancha

Si no eres par, tampoco le has tenido:
que par pudieras ser entre mil pares;
ni puede haberle donde tú te hallares,
invicto vencedor, jamás vencido.

Orlando soy, Quijote, que, perdido
por Angélica, vi remotos mares,
ofreciendo a la Fama en sus altares
aquel valor que respetó el olvido.

No puedo ser tu igual; que este decoro
se debe a tus proezas y a tu fama,
puesto que, como yo, perdiste el seso.

Mas serlo has mío, si al soberbio moro
y cita fiero domas, que hoy nos llama,
iguales en amor con mal suceso.


El caballero del Febo a don Quijote de la Mancha

A vuestra espada no igualó la mía,
Febo español, curioso cortesano,
ni a la alta gloria de valor mi mano,
que rayo fue do nace y muere el día.

Imperios desprecié; la monarquía
que me ofreció el Oriente rojo en vano
dejé, por ver el rostro soberano
de Claridiana, aurora hermosa mía.

Améla por milagro único y raro,
y, ausente en su desgracia, el propio infierno
temió mi brazo, que domó su rabia.

Mas vos, godo Quijote, ilustre y claro,
por Dulcinea sois al mundo eterno,
y ella, por vos, famosa, honesta y sabia.


De Solisdán a don Quijote de la Mancha

Maguer, señor Quijote, que sandeces
vos tengan el cerbelo derrumbado,
nunca seréis de alguno reprochado
por home de obras viles y soeces.

Serán vuesas fazañas los joeces,
pues tuertos desfaciendo habéis andado,
siendo vegadas mil apaleado
por follones cautivos y raheces.

Y si la vuesa linda Dulcinea
desaguisado contra vos comete,
ni a vuesas cuitas muestra buen talante,

en tal desmán, vueso conorte sea
que Sancho Panza fue mal alcagüete,
necio él, dura ella, y vos no amante.


Diálogo entre Babieca y Rocinante

B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues, ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.

B. Andá, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miraldo enamorado.

B. ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis. R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero. R. No es bastante.

¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?



b)  Al final del primer llibre (cap. 52)

El Monicongo, académico de la Argamasilla, a la sepultura de don Quijote. Epitafio

El calvatrueno que adornó a la Mancha
de más despojos que Jasón decreta;
el jüicio que tuvo la veleta
aguda donde fuera mejor ancha,

el brazo que su fuerza tanto ensancha,
que llegó del Catay hasta Gaeta,
la musa más horrenda y más discreta
que grabó versos en la broncínea plancha,

el que a cola dejó los Amadises,
y en muy poquito a Galaores tuvo,
estribando en su amor y bizarría,

el que hizo callar los Belianises,
aquel que en Rocinante errando anduvo,
yace debajo de esta losa fría.


Del Paniaguado, académico de la Argamasilla, In laudem Dulcinæ del Toboso

Esta que veis de rostro amondongado,
alta de pechos y ademán brioso,
es Dulcinea, reina del Toboso,
de quien fue el gran Quijote aficionado.

Pisó por ella el uno y otro lado
de la gran Sierra Negra, y el famoso
campo de Montïel, hasta el herboso
llano de Aranjüez, a pie y cansado.

Culpa de Rocinante, ¡oh dura estrella!,
que esta manchega dama, y este invito
andante caballero, en tiernos años,

ella dejó, muriendo, de ser bella;
y él, aunque queda en mármoles escrito,
no pudo huir de amor, iras y engaños.

Del caprichoso, discretísimo académico de la Argamasilla, en loor de Rocinante, caballo de don Quijote de la Mancha
(Soneto con estrambote)

En el soberbio trono diamantino
que con sangrientas plantas huella Marte,
frenético, el Manchego su estandarte
tremola con esfuerzo peregrino.

Cuelga las armas y el acero fino
con que destroza, asuela, raja y parte:
¡nuevas proezas!, pero inventa el arte
un nuevo estilo al nuevo paladino.

Y si de su Amadís se precia Gaula,
por cuyos bravos descendientes Grecia
triunfó mil veces y su fama ensancha,

hoy a Quijote le corona el aula
do Belona preside, y de él se precia,
más que Grecia ni Gaula, la alta Mancha.

Nunca sus glorias el olvido mancha,
pues hasta Rocinante, en ser gallardo,
excede a Brilladoro y a Bayardo.


Del burlador, académico argamasillesco, a Sancho Panza

Sancho Panza es aquéste, en cuerpo chico,
pero grande en valor, ¡milagro extraño!
Escudero el más simple y sin engaño
que tuvo el mundo, os juro y certifico.

De ser conde no estuvo en un tantico,
si no se conjuraran en su daño
insolencias y agravios del tacaño
siglo, que aun no perdonan a un borrico.

Sobre él anduvo -con perdón se miente-
este manso escudero, tras el manso
caballo Rocinante y tras su dueño.

¡Oh vanas esperanzas de la gente;
cómo pasáis con prometer descanso,
y al fin paráis en sombra, en humo, en sueño!

Del Cachidiablo, académico de la Argamasilla, en la sepultura de don Quijote. Epitafio

Aquí yace el caballero,
bien molido y mal andante,
a quien llevó Rocinante
por uno y otro sendero.
Sancho Panza el majadero
yace también junto a él,
escudero el más fïel
que vio el trato de escudero.

Del Tiquitoc, académico de la Argamasilla, en la sepultura de Dulcinea del Toboso. Epitafio

Reposa aquí Dulcinea;
y, aunque de carnes rolliza,
la volvió en polvo y ceniza
la muerte espantable y fea.
Fue de castiza ralea,
y tuvo asomos de dama;
del gran Quijote fue llama,
y fue gloria de su aldea.



Bé, va passar el dia de Sant Jordi, en què es veu que es commemorava (?) el quart centenari de la mort de Cervantes, i la veritat és que si en els ambients culturals de l’Estat se n’0ha fet algun ressò, a mi no me n’ha arribat gran cosa. Pàgines especials en alguns diaris, sí, però poca cosa més. És clar que encara queda quasi tot un any per esmenar-ho, però deixeu-me dir que em fa vergonya aliena la poca trempera oficial que s’ha donat a una celebració com aquesta, oi més en comparació amb la que s’està fent amb Shakespeare en el món anglòfon —i també en aquest modest blog, que ha estat amatent a recordar els dos grans literats, i tampoc no ha oblidat Ramon Llull (700 anys de la seva mort), Garcilaso de la Vega (480 anys de la mort), Rubén Darío (cent anys de la mort), Federico García Lorca (80 anys de l’assassinat) o Pere Quart (30 anys de la mort).

En temps de Cervantes era habitual fer precedir els llibres impresos d’algun  poema laudatori de l’autor o relacionat amb el tema de l’obra. Cervantes, sarcàstic des de la primera pàgina, va voler vestir la seva gran novel·la amb un conjunt de poemes burlescos, aparentment escrits per personatges importants de les novel·les cavalleresques que tothom coneixia —i que el Quixot parodia—: Amadís de Gaula, la seva estimada Oriana, el seu escuder Gandalín i la fetillera Urganda; Orlando Furioso, Belianís de Grecia o el Caballero de Febo. No sé qui era aquest Solisdán que escriu en un castellà pretesament antic (potser un personatge d’algun llibre perdut); pel que fa a Donoso, algun erudit ha apuntat que es podria referir al poeta Gabriel Lasso de la Vega. Els poemes atribuïts a Urganda i a Donoso són en dècimes “de cabo roto”, que es mengen l’última síl·laba de cada vers; la resta són sonets. En destaco, perquè sempre m’ha agradat molt, el que tanca les presentacions, el diàleg entre el cavall del Cid, Babieca, i el del Quixot, Rocinante, que em sembla extraordinari.


Els versos que tanquen el primer llibre són uns epitafis suposadament trobats en una antiga ermita. Recordem que al final del primer llibre Don Quixot no mor pas: només torna a casa. Però Cervantes, que havia començat la seva narració fent veure que havia trobat la història del Quixot en uns manuscrits en àrab que s’havia fet traduir, ara fa veure que ha descobert també uns documents que certifiquen la defunció del seu personatge. Els poemes són atribuïts irònicament als hipotètics membres d’una improbable “Acadèmia” literària del poble d’Argamasilla, i que fan servir uns pseudònims més que curiosos; s’ha dit que devien ser al·lusions a poetes de Valladolid amics de Cervantes. Hi ha quatre sonets i dues “coplas de arte menor”. Em sap greu no poder-los comentar amb el detall que es mereixen: remeto el lector a les notes de les edicions de Martí de Riquer i de Francisco Rico. No cal dir que dintre el Quixot, igual que dintre altres novel·les cervantines, hi ha molts més poemes: recordem tan sols els 'Ovillejos de Cardenio' i els de 'La ilustre fregona' que vàrem comentar fa uns mesos.


Imatges, per ordre: 1, suposat retrat de Cervantes, atribuït a Juan de Jáuregui (1583-1641), Real Academia Española, Madrid; 2, retrat de Cervantes, gravat de Johann Heinrich Lips (1758-1817), reproduït a: Otto von Leixner, Geschichte der fremden Literaturen, zweiter Teil (Història de literatures estrangeres, segona part), 1898; 3, Cervantes, gravat de Frederick McKenzie (1854); 4, Cervantes, gravat del llibre The Hundred Greatest Men (Nova York, 1885); i 5, Últimos momentos de Cervantes: oli de Víctor Manzano (1831-1865), Museo de Jaén. 

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

El vostre comentari és pendent de moderació. Cal signar-lo amb nom i cognoms. Gràcies.